Repta y huye hacia la luz, lector, no hay otra salida.


Fuga de la sirena




La bajamar dejó a la sirena al descubierto.
Su sueño había sido tan denso que no pudo retroceder a zonas más profundas.
Entonces de su cuerpo emanó sal y la piel formó pústulas y las líneas de su contorno marino se disolvieron hasta desaparecer entre las rocas.
Dicen que cuando anochece y la marea está alta se escuchan alaridos desesperados.
Dicen que atraídos por el lamento algunos hombres de las aldeas marineras próximas se acercan en la oscuridad y permanecen atentos al espanto de las voces.
Pero no se sabe nada más.
Al amanecer hay siempre un hombre menos entre la vecindad de aquella zona de costa.
Nadie se explica por qué extraña llamada se sienten atraídos los audaces.
Nadie entiende con qué fin arriesgan sus vidas.



Fuga sin más




A veces sueño con que nazco de nuevo, que no otro.

Fuga de un instante vacío




Abre los ojos el hombre, sobre un instante vano. Se debate entre el cansancio y el quehacer pendiente, se dice descansé mejor, me recuperé lo justo, y esto que tengo es un día más, y en los días y las horas que frecuento nada de cuanto respiro me es ajeno, aunque hay unos aires que prefiero a otros, y unos aromas que selecciono sobre otros, y unos silencios que me susurran más que otros.


Fuga de un diálogo onírico




Diálogo entre dos sueños.

Uno dice al otro
ya sabrás
ya podrás
ya te acercarás

El otro sueño le responde
no enfríes la textura húmeda
de mi piel

o harás tuyas sus grietas

Al despertar, el cuerpo del hombre manifestaba la huella toda de una despechada laceración.

Fuga silente




Yo soy el silencio de la noche
y te habla
y me habla

en su retorno



Fuga de los encuentros




Una mañana de encuentros de calle, que si amigos, que si vecinos, algunos ancianos...¿Por qué me gusta, cuando tengo cuerpo, es decir, ganas, hablar con personas de edad avanzada o de edad más joven? ¿Por qué les presto atención sincera aunque sea para intercambiar fruslerías? ¿Querré ser un tipo sin edad o acaso un monstruo de todas las edades?



Fuga del chichón





El niño se ha hecho un chichón, me dice la vecina. Chichón. Fabulosa palabra que a medida que se pronunciaba no sabías si se potenciaba o se amortiguaba el golpe. Aquel hematoma circunstancial, aumentado de tamaño en la frente, ¿se conjuraba con la simple aplicación de una fonética o por el tratamiento de choque de una moneda fría? Tal vez con ambos elementos. La moneda era un  objeto que actuaba en la anatomía inflamada. La palabra era un bálsamo que iba a trascender más que la moneda (o el hielo, ya en tiempos más recientes) Chichón: término de ratificación humana. Un niño no estaba por encima del bien y del mal, sino que era carne de chichones. Y luego de relato. Contar una y otra vez que se había hecho un chichón. No estaría mal hacer memoria, un repertorio de chichones, por caídas de la inquietud infantil: perseguidos por perros, resbalando por los ribazos del río, chichones de recreo escolar, chichones por error de cálculo al tratar de alcanzar una caja del vasar de la cocina, chichones de carreras contra una esquina de la calle, chichones por no frenar la bicicleta contra el árbol...

El chichón, esa medida de las cosas en la infancia. Si alguien nos garantizara volver atrás, recuperar la niñez, ¿no estaríamos dispuestos a soportar de nuevo el precio de los chichones que fuera menester? 



Fuga de la caída




Aprender de nuevo la vida (ya que aprehenderla resulta bastante difícil, casi imposible) a medida que los años personales avanzan. Todo aquello que se había digerido puede no valer ya demasiado cuando se observan las tendencias, en ideas y gestión de proyectos, de nuestras sociedades. Entonces, la duda, ¿se habían asimilado tanto las lecciones? Puede que las formas -distintos collares- disfracen el fondo  -los perros de siempre, no solo figuras, sino acontecimientos-. Si un disfraz nos oculta lo que hay detrás es que no hemos aprendido casi nada y encima estamos dispuestos a echar por la borde bagajes que nos harían fuertes. No es para estar entusiastas con el rumbo que parecen tomar las cosas. Y ¿cómo aprender cuando ya se tienen menos fuerzas físicas y menos resistencia ante los despropósitos? Sin embargo...



Suceso fugaz





¿A quién no le ha sucedido alguna vez que de un escritor del que no ha leído absolutamente nada le llega, vía intermediarios, una frase que de por sí percibe como la obra entera? En mi caso, hoy, el autor, Saint-John Perse. El intermediario, Eugénio de Andrade. La cita: "El hombre nace en casa pero muere en el desierto..." Pero, ¿acaso no está diciendo, implícitamente, que el acto de nacer ya es una llegada al desierto? Eso explicaría lo errantes que andamos toda la existencia y lo indigentes que morimos.



Fuga del oráculo




Protégete de los infortunios que se vean venir o, mejor dicho, de aquellos que se puedan prever y que sugieren estar prevenidos. De los otros, de los inesperados y ajenos tanto a la intuición como a la razón, no hace falta protegerse. Intentes lo que intentes te caerán encima sin haberte dado margen de elección. Estarás en manos de lo salvaje. Entonces pide solamente que sea por breve tiempo y que ocupe un espacio mínimo en tu vida.



Fuga del billete




Billete (término antiguo pero que sigue en vigor académico, no obstante su desuso) encontrado dentro de un sobre preservado dentro de un libro leído hace mucho tiempo:

"Tratas de habitar mi oscuridad
y al buscarla te ciegas.
¿Por qué esa obstinación en que yo sea
tu ángel de perdición?"

Me quedo pensando. Vuelvo a doblar el papel, lo introduzco en el sobre, y lo dejo en el mismo libro. Me parece percibir cierto hilillo de sangre en el recuerdo de las heridas.



Fuga de invocaciones




Macla abrazadora, macla acogedora, macla veteada, macla receptora, macla transversal, macla prospectora, macla sinuosa, macla compacta, macla descendente, macla angular, macla cavernosa, macla engullidora, macla deslizante, macla fundidora, macla protectora, macla primitiva, macla axial, macla vinculante, macla entrañable, macla penetrante, macla hipnótica, macla maternal. Llévanos a tu origen.  


Fuga de la macla de Oteiza




Preocupación, relativa, de algunos amigos por una cadena de coincidencias en el obituario. Me trasladan la pena, menos relativa, por la frecuente desaparición en estos tiempos de escritores, filósofos, investigadores, lingüistas, artistas y artesanos...Si hasta murió Dios (Nietzsche), esa paradójica creación del hombre, por mucho que a algunos aún se les llene la boca con el nombre, ¿cómo no iban a tener fin aquellos que se dedicaron a crear palabras, pensamientos, indagaciones, edificios o imágenes? Pasados los breves días que rodean un fallecimiento ¿quién se acuerda de esos hacedores? Bastante sería que valoráramos sus obras y tomáramos de ellas no sólo lo útil, sino lo bello. El mérito de vivir ya es un arte en sí mismo. Lo único que hace la muerte es acotar la obra y tornarnos a todos materia original. Me pido ser macla cuando no sea yo. Me apasiona esa fusión de volúmenes, aristas y concavidades que Oteiza recuperó de la pureza brutal de la madre tierra. Cuerpos que acogen a otros cuerpos dentro de los que hay otros cuerpos...


Fuga del desconocimiento




Las palabras nunca dormitan,  son como las bacterias de nuestras tripas. Cuando se revuelve una de esas dos formas de vida  -el biós y el lógos lo son-  no se sabe bien cuál es más agresiva o cuál pacifica más.



Dificultades




No solamente tratamos de hablar y entendernos con los otros, sino que nos vemos abocados a enfrentarnos con los otros de los otros. De ahí que lo ordinario es que haya un plano de superficie en la comunicación, que es útil para convivir, esto es, intercambiar favores y satisfacer necesidades. Cuando queremos saber más del otro y le brindamos un cierto grado de nuestra desnudez para que nos conozca mejor podemos encontrarnos con un muro. No ofrecemos nada de nosotros mismos si no es a cambio de al menos conseguir que el otro nos escuche y en cierto grado nos acepte. Cada uno preserva al otro o a los otros que moran en él. De tal modo que avanzar en una comunicación más íntima puede durar toda la vida y lo común es que el esfuerzo nos canse y el conocimiento quede demediado. Cuando el otro nos muestra con generosidad al otro o a los otros de dentro de sí avanzamos en una especie de fraternidad compartida. Eso sí, contenida. Pues todos somos tan celosos, esto es, tan acomplejados de nuestra limitada libertad...(Aquí llamo libertad a nuestros recursos y la capacidad de controlar las situaciones con ellos) 



Fuga de la excepción




Es recomendable dejar de creer en muchas cosas. Incluso se puede dejar de creer en todo. Menos en los propios recuerdos. Son la excepción. Ellos no son cuestión de fe.



Fuga del prefijo




Su tiempo personal lo percibe bastante desconcertado, temeroso, controvertido. No tanto por una visión del mundo, de lo lejano y de lo cercano, donde él ocupa un lugar y no puede dejar de sentir otros espacios. Tiene una perentoria necesidad de despolitizarse, desculturizarse, desprejuiciarse, desapuntarse, de domeñar el animal huérfano que reivindica otro origen. No sabe cómo puede aplicar el prefijo des-, si a través de relativizar cada vez más todo, o de la indolencia, o del nihilismo, o de esa forma mezquina de nuestros días que es la posesión por la posesión de pequeños bienes y entretenimientos. O si debe procurarse un equilibrio con cada ingrediente. Es lo que tiene la angustia del que se autodesposee.  La libertad interior exige tanto que a veces hace pensar que su reino es el de la propia anulación. Maldita la gracia, Marsias.


Fuga de la cencellada




La madrugada tan fría, la cencellada cubriendo los jardines. A través de las tapas de registro parecían emitirse voces de extraños habitantes del subsuelo. Difícil interpretarlas. ¿Pedían ayuda? Si era así, ¿qué seres recababan la atención del paseante?  La escarcha crujió bajo mis pies. Allá abajo resonaron mis pisadas como redoble de tambor. Callaron las voces.



Fuga de fugacidades




Obcecada pretensión humana la de invocar al tiempo, la de evocar un cuerpo, la de retener los sueños. ¿Serán las maneras hábiles de desentendernos de la inevitable disolución? Las aprecio en cuanto que nos alejan de la angustia enfermiza. Las desdeño cuando sustituyen a esa angustia constructiva que llamamos conciencia. 


Extrañeza dos



Te sorprende sobre todo la extrañeza sobre aquello que creías conocer y que has pretendido que era tuyo. Por el simple hecho de que de pronto descubres que ni eras su dueño ni habías ahondado apenas o no lo suficiente en sus manifestaciones.




Extrañeza



Levantarse uno cada mañana con la sorpresa y la curiosidad de ser un extraño para sí mismo.



Fuga de la intrascendencia




Me preguntan si no me preocupa la trascendencia. ¿Debe preocuparme algo que no es sino una entelequia? ¿Algo que ni siquiera existe más allá de su enunciación? Lo que quiero es estar en paz con mi propia intrascendencia.


Fuga del río




¿Por qué será que los ríos son más auténticos en su reflejo?
¡Tanto se parecen a las vidas de los hombres!



Fuga del transcurso




Se sabe aspirando solo a una cierta tranquilidad. Sin conflicto, sin mayores pretensiones que sentirse a cobijo del invierno, el de fuera y el de su interior. Los días pasan y él se enmaraña en un vértigo huidizo. La vida no es ya -no ha sido nunca algo diferente- otra cosa sino mero transcurso. Acechanzas, temores, perspectivas y compases inevitables, incluso baldíos. Esa persecución de la nostalgia de lo que se fue. Cuando cada vez apenas sabe ni puede rescatar algo equivalente. Las posibilidades no son más que cuerpos no nacidos dentro del propio cuerpo. Optar, elegir, siempre es un crimen por el que penamos la condena del tiempo.





Fuga del consejo




Alza tu mirada interior, esa mirada debe estar siempre en pie de uno mismo.

(Te dan ganas de decírselo a muchos, de aconsejarlo con cariño, pero solo lo pronuncias dentro de ti. Acaso su eco llegue por recónditos vericuetos...)

Fuga de la niebla





Sé de una niebla que oculta otra niebla que habita otra niebla que devora a otra niebla...

Fuga del adverbio de tiempo




Siempre me acariciaron los ríos de la luz y me arañaron las pozas de las sombras y me arrastró el viento de innumerables palabras y ensoñaron en mí las nieblas y me resguardaron las rocas en sus fantasías y me sumergió el calor en las entrañas de la tierra, las abundantes tierras. Allí, en lo profundo, excavé galerías para hallar mi propia construcción animal.



Fuga del salto




Salta, salta, canta el poeta.
Nada ocupa el vacío salvo los sueños.



Fuga de la nieve




Si de pronto una noche despierto de madrugada y no te veo entre la nieve. Abriré la ventana y pasaré los dedos por el alféizar por si encuentro unas huellas calientes. Luego tal vez me acurruque y siga soñando. O escupa a la nieve.



Fuga de la bicicleta




Viendo ayer por la noche la bicicleta de Wadjda pensé en mi bicicleta de niño a su misma edad. La misma ilusión, el mismo empeño, idéntica fantasía. Una diferencia fundamental: el esfuerzo y la inteligencia superior de Wadjda para lograr su bicicleta verde nueva, mientras en mi caso la heredé y ya usada. Creo que ambos haríamos unos buenos recorridos de encontrarnos en el tiempo y en el espacio, pues la bicicleta también era la excusa para afianzarnos. Una diferencia fundamental. Si bien el país de mi infancia también era de rigor totalitario y la religión pesaba tan atroz, al menos yo no era mujer. Y menos mujer en Arabia. Por un momento yo quise ser el niño amigo de la niña y sus propuestas de futuro, pero ella lo tenía tan claro con diez años...La bicicleta verde de Wadjda: cuando una bicicleta no es solo el pedaleo del juego sino el pedaleo contra la condición sojuzgada, indigna, de la mujer. Pocas veces me he conmovido con tanta alegría.



Fuga natural





Al hombre en fuga le divierten los sueños naturales. No los procurados mediante ansiolíticos ni relajantes ni morfinas ni psicofármacos complejos, sino los  inducidos por el cansancio natural. Lo que libera el cerebro en un sueño inducido naturalmente suele ser espectacular y con efecto de regocijo. Por más que busca al despertar la explicación de por qué aparece tal personaje o tal otra escena no encuentra respuesta inmediata. La otra noche al hombre de la fuga se le apareció en un diálogo callejero un antiguo compañero de estudios, hoy día ya fallecido, cuyo trato se remontaría a décadas. Pero ese compañero aparecía jovial como siempre  -como entonces-  y la conversación fluida y amena compensaba. Costaba creer, al despertar, que aquel personaje solo había pasado por el sueño y sin mayor exigencia. Cómo se ha reído el hombre al abrir los ojos tras ese sueño, ya digo, natural.



Fuga del reproche




Cuando no entiendo a alguien es como si yo no me entendiera. Esas palabras del otro que me parecen pedradas. Esas frases enlazadas que quieren ser argumento y me suenan a censura. Esa presión insistente como si quisiera sobrecargar mis responsabilidades.  Ese lavarse la cara las manos el otro y echarme el agua sucia encima.  Abluciones que parecen ablaciones. Si al final de los días y de las respiraciones alguien me preguntara qué me ha perturbado más en esta complicada vida le diría sin dudar: las incomprensiones y,  por supuesto, su peor arma arrojadiza, el reproche.



Fuga al interior




El viaje al exterior es también un viaje al interior. Sirve para que prospectes en tus ideas, refuerces o cambies tus criterios, sepas algo que no habías interpretado anteriormente. Lo opuesto, desplazarte dentro de ti ¿hasta qué punto te permite advertir lo que hay afuera? Viajas hasta algún nivel de ti mismo ¿y a dónde desciendes? Pero al bajar peldaños también te elevas. No hay mayor altura que ver con cierta claridad un rincón de ti mismo. Porque un viaje es ante todo una fuga. Pero también una exploración.



Fuga de la desorientación




De pronto, un día cualquiera te encuentras con una amiga de viejos tiempos, desorientada de mente, pesada de cuerpo, carente de palabras, con mirada ida, que no sabe qué responder a tus preguntas convencionales. Y va su pareja y te dice en voz baja que ha intentado quitarse la vida. La abrazas, la besas, la miras con saludable severidad, la hablas encolerizado y demuestras delante de ella que te conmueves. Luego tratas de animar una mente donde no sabes llegar, pero confías en tu carácter y en que ella sea capaz de captar tu contundente rigor de palabras. Confías en una influencia vana y piensas: lotería. Tal vez en el próximo encuentro esté repuesta. Tal vez aún esté.



Fuga del humor




Días en que las vísceras triunfan en caótico deambular. La mente se ofusca y la conciencia se desliza a trompicones a través de todo el sistema digestivo. Carencia de humor. Cuando, además, fallan los otros sistemas que cohabitaban en ti, bajo el nombre de la palabra y de la cordura, y te abandonan.

Fuga de la suciedad





Cuanto más relativizo todo -conceptos, actitudes, mensajes, relaciones, compromisos-  más ganas tengo de vivir. Lo absoluto es un término falaz. Detrás solo está el hombre reducido, apocado, sumiso. El que quieren que exista pero resulta inexistente. Detrás solo queda la suciedad.  Detrás solo hay vacío.




Fuga confusa




Confusión y fragilidad por la incertidumbre que me causan mis propias palabras.

No basta disponer de ellas: hay que saber pronunciarlas.
No es suficiente con emitirlas: tienen que estar respaldadas por algo cierto.

Ordinariamente el hombre en fuga cree cuadrar el círculo de sus palabras. Pero...hay tantas geometrías acechando cuyas dimensiones uno no sabe aún valorar...

(Aviso sincero a los que lleguen hasta aquí: desacralizad las palabras. No están hechas  -las palabras se hacen- para ensalzar divinidades ni ungir gobernantes ni cantar a héroes. Solo para soportar al mismo hombre que las lleva dentro)



Fuga del desconcierto




Nada es lo que parece en esta vida. Confundimos, unas veces de forma caprichosa y otras inconscientemente, nuestros propios deseos. Alteramos, no siempre queriendo, nuestras realidades. Resulta difícil ser libre. Antes pensé que era posible, que permitía comunicarte con los de la propia especie. A medida que avanza el tiempo particular te das cuenta de que las barreras de los seres humanos no se habían desvanecido. Hay gente que no hace el esfuerzo. Es el riesgo. Nada es lo que parece, no. La frase tópica no pierde valor cuando compruebas que no se quiere entender la vida imaginativa de cada individuo. Tal vez lo más profundo de cada cual. Fantasías, ensoñaciones, capítulos malogrados que si a uno no le hicieron libre al menos le compensaron de bastantes frustraciones. Pero hay quienes no saben verlo. 

El aprendizaje sigue.




Fuga de las voces




Una voz queda, pero segura, le dice a otra incrédula, pero anhelante: Cuando disfrutes, me gustaría que sintieras como si disfrutaras conmigo, como si me hicieras disfrutar a mí. Es entonces cuando las dos voces se apagan y renacen los susurros.



Fuga del horror




Esa escena final del film Pascual Duarte, que no es exactamente la que se coloca aquí. Es un primer plano del ejecutado, pero que no aparece en internet. Esa imagen fija, congelada, prolongada, se hace eterna. Esa escena final que no acaba y que es por sí misma una película. Un argumento, un drama, la Historia, el hombre abandonado a su maldición. La pena de muerte y el instrumento. Y lo que hay antes, entre, con, contra, tras...El horror. Uno se queda atónito, bloqueado, pegado el culo al asiento, mudo, vaciado. 

(Brillante director Ricardo Franco)



Fuga del primitivo





Cuando veo aquella silueta en la pared
al fondo de la cueva pienso
que soy yo
el artista

             antes de haber dibujado nuestros sueños
antes de salir a cazar
y cubrir mi cuerpo de sangre

             antes de ser recibido de vuelta con alborozo
antes de recluirme nuevamente a salvar imágenes
del olvido.

(Por qué a veces hablo con improntas primitivas por las noches, no lo sé)



Fuga de los elementos





el aire
la hierba
el mar

          en el sueño
me mojo en tu orilla
                   me extiendo en el borde
                                                      me desvanezco

soy vuelo



Fuga luminosa




La luz se quiere cálida.
¿Dónde la pondremos?



Fuga del miedo




Si de pronto despiertas. Si el latigazo que te sacude es miedo. Si rebuscas en el último sueño y no hallas pistas que te expliquen esa turbia disposición cara al día. Si recorres la península de tu soledad y no despegas los labios. Si no quieres aceptar la palabra. Porque no hay otra palabra que se aborte en sí misma. Como si los sentidos decidieran no inventarla.



Fuga de percusión






¿Son más agudos los sonidos desatados por los sentidos que los del universo? Acaso se trata de las manifestaciones más inimaginables de éste en nuestras entrañas más profundas. Si fuera así, es obvio que eso llamado ser o individuo es inseparable: de nuestro interior, de los otros cuerpos, del cosmos.

(Pensarme de este modo me reconcilia. Puede ser un camino para no sentir angustia por los sonidos postreros, cuando llegue a percibirlos)




Fuga de lo inexplicable





Cuánta belleza, y yo
yo,
     tan impuro.





Fuga del renacer





No nací en la fecha de hoy. Pero es un día en que cada año renazco. No hablo de biología en este caso, sino de uno de mis propios descubrimientos. Implícitamente de mi reconocimiento a otros hombres. ¿Amor por las causas perdidas? ¡Amor por la vida! 

Fuga confusa




En un sueño reciente ella bebía de mi mano. ¿O era yo quien abrevaba en la suya?


Fuga de la noticia





Una voz urgente, recóndita: si el enfado neurótico te distrae del buen vivir, ignora los acontecimientos. Al fin y al cabo ellos van a seguir su ritmo a través de vericuetos turbios. No te necesitan. Mejor harías en sentarte a la orilla de un riachuelo o en perderte dentro de un parque donde no llegue eso denominado noticia. Al fin y al cabo no hay noticia buena ni mala, solo existe un a modo de parece que dice, ambivalente, dual, que cambia de faz pero no de fondo. Tú te mereces la distancia, incluso el alejamiento más amplio. No perjudiques tus propios pasos con las obscenas pisadas de los intereses escabrosos que no te tendrán en cuenta jamás. Salvo para exigirte como contribuyente. Ahí hay un margen que tienes que proteger,  y donde deberías pertrecharte.


Fuga del reconocimiento





No escribo para ser reconocido por nadie exterior a mí. Solo escribo para que el otro que mora en mí, y que me permite a veces ser habitado por mí, me reconozca. Y, de paso, yo le tenga en cuenta a él.

(Naturalmente esa ficción de que los otros, los del exterior, me presten alguna clase de atención, sea pasajera o continua, no debería transformarse jamás en la condición sine qua non de mis escrituras)