Repta y huye hacia la luz, lector, no hay otra salida.


Fuga de la delicadeza humana, recordando a Izet Sarajlic




Escucho el breve poema del bosnio Izet Sarajlic titulado La delicadeza humana:

"Delicadeza humana,
¿Dónde estás?
¿Tal vez 
solo en los libros?"

Me escucho a mí mismo: Y no sé si en todos los libros. De la vida ordinaria hace tiempo que se fugó. Y no es fácil hallar una pista de ella.



Fuga y no fuga de los dioses. Entre Michelet y Mayor.




Me salta a la vista, a la atención, una frase de Jules Michelet, un historiador francés del difícil siglo XIX.  "Los dioses son como los hombres: nacen y mueren sobre el pecho de una mujer". ¿Exaltación romántica? ¿Belleza literaria? ¿Acaso todos los caprichos que narra la mitología se nutrieron de unos pechos que les alimentó? Agudeza del historiador al proporcionar a los dioses un nacimiento y una muerte. Pienso en que la mujer -aquí sublimada- es la metáfora de la vida humana. Fuera de ella, de esa vida y esa reinvención continua tan humanas, ¿acaso tienen su lugar -espacio, tiempo, caprichos- los dioses? Astrofísico Michel Mayor, investigador de los exoplanetas, Premio Nobel de Física 2019: "La visión religiosa dice que Dios decidió que solo hubiese vida aquí, en la Tierra, y la creó. Los hechos científicos dicen que la vida es un proceso natural. Yo creo que la única respuesta es investigar y encontrar la respuesta, pero para mí no hay sitio para Dios en el universo". Creo que los griegos también lo tenían muy claro: crearon sus dioses para justificar las conductas de los hombres, no sé hasta qué punto para explicarlas.


Fuga de la libertad de Derrida




Frescura del pensamiento y del lenguaje de Jacques Derrida:


"...No es seguro que queramos ser libres. Usted ha vinculado la libertad a la esperanza, como si lo que deseáramos por encima de todo fuera ser libres. No es nada seguro. Yo, por ejemplo, no estoy seguro de querer ser libre, es decir, desapegado. También tengo ganas de estar ligado, de ser requerido, y no solo libre. Evidentemente, el vínculo, el verdadero vínculo, se toma libremente.

Cuando pienso en la palabra libertad y me interrogo por su genealogía, de dónde viene, tengo la impresión de que la libertad es política, es democracia libre. Pero a la vez quiero ser libre con una libertad que no sea solo como ciudadano. Quiero ser libre al relacionarme, sin pasar por la libertad política; tener un pensamiento de libertad que no requiera hablar de libertad. Libertad en un poema, en un espacio literario, en una mirada, en la percepción. Libertad de vivir, percibir, disfrutar, antes de que esa libertad se transforme en un un asunto político, de derecho. Es la posibilidad para el ciudadano que vive en un espacio de libertad cívica: poder reservar un espacio que no esté saturado por lo político".


Desapego: ¿objetivo final del humano? Vínculo: ¿necesidad de testigos, de solicitud desde los otros? Buscar -no solo anhelar- la libertad más allá de lo político -un marco siempre fijado y circunscrito a unas reglas de juego- que es posible y acaso, siquiera parcialmente, alcanzable. Buscar la libertad del pensamiento, de la expresión, de la formulación explícita de los sueños. Márgenes, rincones, subterráneos, islas...Derrida los señala. No andaba yo muy perdido en tales búsquedas.


La cita es de un libro que recoge entrevistas varias y que se titula "No escribo sin luz artificial", publicado por Cuatro Ediciones en 1999. Imprescindible y muy accesible para quien desee acercarse al filósofo por primera vez o una vez más.



Fuga de Caraco




"Nuestro peores enemigos son aquellos que nos hablan de esperanza y nos anuncian un futuro de gozo y de luz, de trabajo y de paz, donde nuestros problemas se resolverán y nuestros deseos se colmarán".

Lo cierto es que no reluce mucho últimamente el optimismo en Occidente, pero los que aspiran aún a destellos esperanzadores qué desnudos se encontrarán al leer esta cita del libro Breviario del caos, del constantinopolitano y sefardita Albert Caraco. Pero yo le entiendo. Los que prometen la salvación son los que menos soluciones concretas ofrecen. Los que nos piden la primogenitura por un plato de lentejas. Los que quieren que les demos un cheque en blanco para luego ponernos de nuevo al borde del abismo. No es al paraíso a lo que hay que aspirar sino a desbrozar la maleza que invade nuestras comunidades y saber sobre qué base debemos poner nuestros pies. Sin exclusiones, eso sí. ¿O estoy trasladando un mensaje de esperanza? Me pierdo.





Diálogo en el Mahabharata





Qué diálogo tan interesante -ecos ancestrales, problemática actual- escucho en la película Mahabharata, la versión cinematográfica de la epopeya hindú, dirigida por Peter Brooks.  Los viejos elementos de la comedia y de la tragedia se exploran en Mahabharata.  


"DRAUPADI.  A veces me digo que el hombre no es nada. Su naturaleza le viene impuesta. Nada procede de él mismo. Todo lo que hacemos, lo que pensamos, es solo un juego, solo sombras en movimiento. Sí, sospecho de un mago. El destino es malvado y nos engaña. Incluso el Creador toma partido. Lo condeno.

YUDHISHTHIRA.  Yo tengo las mismas dudas que tú, Draupadi.

DRAUPADI. Tengo más que amor hacia ti. Tengo respeto. Desde el primer día. Pero a veces me evitas en tu corazón y drenas mi fuerza. Un hombre que no sabe por qué vive...¿dónde estará su voluntad? ¿Qué esperanza le sostiene? ¡La felicidad es para el hombre que actúa!

YUDHISHTHIRA. ¿Y si el silencio fuera necesario para la armonía del mundo? Silencio...Soledad...Pensamiento..."


Es un diálogo de los contrarios. Qué método tan magistral. Naturaleza versus Hombre. La Vida como Representación. Dudas frente a Certezas impuestas por el acontecer. Amor en pulso con la Incertidumbre personal. Acción cuestionando la paralización de la Voluntad. Silencio en pugna con el Ruido. Caos en combate con Armonía. Silencio-Soledad-Pensamiento: eje de la Vía ¿de perfección? ¿O simplemente de la corrección? Los diálogos de los opuestos pueden ser reconducidos como complementarios.



El poeta turco Ilhan Berk habla del poeta




El poeta turco Ilhan Berk habla del poeta genérico en su obra La sangre del poeta:

"Ser poeta es una especie de monacato. Vivirás durante años como un poco de agua subterránea; y siempre conservarás la nostalgia de salir a la superficie un día, aceptarás esto con una gran modestia; y un día, un día cuando veas la luz del día sabrás retirarte a una orilla y mirar desde allí.

                              El poeta es un hombre de celda.
                              o tiene vida propia."

¿Y si ni siquiera emerges, Max, pero te sientes agua lozana fluyente dentro de ti toda tu vida? Aquel fino hilo que salía de la roca en la infancia y tú bebías está cadencioso y anónimo en tu interior, poeta que no te gustaría que te llamasen poeta porque no te sientes poeta. La metáfora del monje no te sirve, porque tú, Max, eres eremita antes que monje. Horadaste una vez la piedra y en sus recovecos has permanecido. Eso sí, salías a la luz y en la orilla del tráfago de los hombres probabas sus actos. Una libación que de nuevo te llevabas al laberinto de tus panales. Es tu manera, Max, de tener vida propia.

Curioso que Ilhan Berk te haga saber de unos versos condenatorios sobre los poetas que aparecen en El Corán.  Berk dice en otro de sus aforismos:

"El Corán, a pesar de tanta carga poética, parece un libro de miedo. Se nos plantea frecuentemente el infierno. Y da poco pie a perdonar.

¿Y lo resbaladizo del cuerpo? Eso no se quiere saber.

Bueno, ¿y los poetas?"    

Pues he recurrido a El Corán, donde se dice de estos:

" 221 ¿Acaso he de informarte sobre quién descienden los demonios?
  222 Descienden sobre todos los embusteros pecaminosos
  223 que explican lo oído, pero en su mayoría, son embusteros;
  224 descienden sobre los poetas, y son seguidos por los seductores
  225 ¿No los ves cómo andan errantes por todos los valles
  226 y dicen lo que no hacen? "


El Corán, azora 26, aleyas 221-226 (versión Juan Vermet)


¿De quién debo guardarme? ¿De los demonios, de los poetas o de los salvadores?




Leopardi en la piel poética de Safo




Puesto a ver el mundo y, por lo tanto, observar el fenómeno de la muerte, que es parte decisiva y determinante de la vida en este mundo, leo estos versos de Giacomo Leopardi en su Último canto de Safo:

"Moriremos. En tierra el velo indigno,
desnuda bajará el alma al Averno
y el duro error enmendará del ciego
dador de eventos. Y tú, que tan profunda
fe y amor me procuras, por quien inútil
furor me oprime de áspero deseo, vive feliz
si quien siendo mortal puede vivir
dichoso en este mundo".

Para cualquier romántico la muerte es un tema recurrente, obsesivo, tal vez placentero (como idea o como  fijación enfermiza, a veces solo como moda o estilo ad hoc literario)  Pero un último canto imaginando que lo escribe la gran Safo al estilo romántico es original. Safo no era así pero Leopardi quiere encarnarla en una Safo a su capricho; yo no me imagino a Safo romántica, ni quiero. Los mitos y las creencias del mundo clásico son un mundo de imágenes que ha dado juego a todas las culturas posteriores que han bebido de ellas. ¿Se puede ser feliz siendo mortal?, pregunta el poeta de Recanati. Probablemente sí, a través de la ficción. De este vivir de continuo creyéndonos habitar una eternidad. La vida como desarrollo de una invención. Hasta que el dolor y un marcaje irreversible nos pone en nuestra condición perecedera y nos apea del burro. Pero mientras pongamos buena cara al mal tiempo.



Sabio Danilo Kis






"El pueblo le escuchaba con indiferencia y desconfianza, tal y como el pueblo escucha a los demagogos: buscando un sentido escondido detrás de las oscuras palabras. Porque el pueblo se había acostumbrado al hecho de que los poderosos, los gobernadores y fariseos escondieran imposturas, amenazas y exacciones bajo adulaciones y promesas. Esperaban, pues, que este también se descubriera, que dijera al fin por qué había venido, la razón de estas vanas palabras, de todo este confuso discurso, desprovisto de claridad y sentido. Por eso le seguían escuchando. Acabaría, al menos lo esperaban, por ilustrar sus turbias palabras con algún número de acrobacia o de magia".

¿A qué recuerda el párrafo del relato Simón el Mago, de Danilo Kis? ¿A quiénes menta? ¿A cuántos involucra? ¿No es un retrato mismo de la situación por la que atravesamos en todas partes? ¿No es lo que vivimos ahora la proyección de los tiempos antiguos, no obstante el perfeccionamiento de los sistemas de leyes, normas y protocolos? Los magos que se sacan de la manga el vacío, los profetas que denuncian sin mojarse, los oportunistas que se escudan en valores en los que no creen, ¿no es lo que abunda en nuestros días? Todos dispuestos a romper las reglas del juego. Incierto futuro. ¿Retorno al pasado? Sabio e incisivo el serbio Danilo Kis, un escritor no muy conocido en España (¿cuánto conocemos y mal en España?) pero sumamente profundo, sugerente y modesto, según me comentó un amigo que lo trató hace muchos años.

Me están gustando mucho las narraciones breves recogidas en su libro La enciclopedia de los muertos.



Un pensamiento de García Márquez en El amor en los tiempos del cólera




¿Se nace de una vez para siempre? ¿Todo es tan simple como un recorrido de arco entre dos puntos opuestos que se niegan a sí mismos? ¿Cuántas posibilidades y modos de vivir tiene un humano? ¿O es un juego de hacerse y deshacerse el objetivo de ese perseguir la vida a cualquier costa? Errores, tropiezos, equivocaciones, despistes, abandonos, malas decisiones o peores elecciones...Sea cual sea la situación quebradiza por la que un hombre atraviesa su tiempo el impulso de regenerarse no para. Un párrafo que arroja luz:

"El tío estaba resentido con él por la manera como malbarató el buen empleo de telegrafista en la Villa de Leyva, pero se dejó llevar por su convicción de que los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga otra vez y muchas veces a parirse a sí mismos". Gabriel García Márquez en El amor en los tiempos del cólera.

Más allá o más acá de nuestra madre ¿quién dijo que no estábamos dotados de una sorprendente capacidad de autopoiesis que nos permite tener sucesivos nacimientos como respuesta a los avatares destructivos de la vida? Entiéndase la extensión del término nacimiento; nómbrese, si se quiere, como renacimiento.


Fuga de Paz y su sonajero




Leyendo en un poema de Octavio Paz:

"Una sonaja de semillas secas
las letras rotas de los nombres:
hemos quebrantado a los nombres,
hemos dispersado a los nombres,
hemos deshonrado a los nombres".

La imagen rural del México profundo y antiguo -ese sonajero cuyas semillas alborotan al ritmo de una mano- es una excelente metáfora para advertirnos de la deriva infinita de los nombres. Para bien y para mal. Para bien porque unos nombres apropiados dan lugar a otros y mantienen la esencia de lo que nombramos. Para mal porque muchos objetos o actividades han dejado de existir y el nombre queda huérfano. Pero ay, malditos de nosotros que hemos quebrantado, dispersado y deshonrado a los nombres por no hacer uso adecuado de ellos. Malditos por convertirlos en inapropiadas y criminales armas arrojadizas unas veces, en adulteración sin sentido de ellos en otras ocasiones, en la reducción, en fin, de su significado. No digo ya en su sustitución por lo que no dice nada y borra el contenido de la antigua denominación hasta conducirnos al lenguaje del sinsentido. 

El trozo de poema pertenece a Pasado en claro.  Por favor, pronúnciese Méjico, con jota. Al fin y al cabo la x fue un signo con sonido j en el viejo idioma castellano. Una herencia aceptada por mi parte.


Fuga de los hilos de tiempo de Peter Brook




Qué reveladores los Hilos de tiempo de Peter Brook. Los hilos de la niñez suya podrían ser hilos de la mía, variando detalles concretos. Lo cual lleva a que ambos, salvando la diferencia de edad y de experiencias, recapacitemos en aguas análogas. Le escucho en la escritura de su libro atentamente: "La niñez, afortunadamente, es literal; el pensar en metáforas aún no ha empezado a complicar el mundo. Aunque uno se pregunte a sí mismo: ¿qué es lo real? la niñez es un constante ir y venir de un lado a otro de las fronteras de la realidad. Luego, al crecer, uno aprende a desconfiar de la imaginación, o bien llega a encontrar desagradable lo cotidiano y busca refugio en lo irreal. Yo habría de descubrir que lo imaginario es la vez positivo y negativo: se abre a un campo traicionero, en el que las verdades son difíciles de distinguir de las ilusiones y en donde ambas arrojan sombras. Tenía que aprender que eso a lo que llamamos vivir es un intento de leer las sombras, traicionado cada dos por tres por lo que con tanta facilidad creemos real".

Pero lo imaginario para mí siempre fue real en mi infancia. Lo cual me causó abundantes problemas, con su consecuencia de advertencias y castigos. Tal vez la metáfora la llevaba uno implícita y no había descubierto -no podía, no sabía- el modo de enunciarla, de utilizarla, de manipular con ella, simplemente porque no la necesitaba. Entonces tan real era seguir las prescripciones de padres y maestros, como real era soñar dormido y despierto, como imaginar mundos que había que llevar a la práctica desde la lectura de libros de aventuras o tebeos, como real inventar descripciones y narrarlas en los juegos solitarios o grupales.

Acaso el crecimiento siempre es una traición a etapas anteriores. Y así hubo un tiempo posterior en que renegábamos de lo imaginario, de la fantasía, de la invención y creímos tocar el meollo de las cosas y de los hombres admitiendo -lo que no era sino descubrimiento limitado- la relativa verdad mostrada por cuanto se desarrollaba a nuestro alrededor y protagonizado por quienes nos circundaban. Y otra vez, como un bumerán, antes o después nos reclama la necesidad imaginaria para con su doble faz -acertado Brook- martirizarnos y conducirnos a elegir. Realidad y deseo no es lo mismo, ilusiones y verdades no van de la mano, luz y sombra son antagónicas...si bien complementarias.





(Pensamiento dedicado a C.)

Símil de Feyerabend y Lugosi





A saltos -a saltos que pueden durar días o meses- leo su autodiálogo Diálogo sobre el método. Como es una conversación entre A y B he decidido escucharla como se escucha cualquier diálogo. Me ha chocado en las primera páginas un símil negro pero que tiene su humor, que acaso es la base del acierto. Feyerabend dixit;

" B. ¿Ha oído hablar de Bela Lugosi?
  A. Por supuesto que sí.
  B. Interpretó el papel de Drácula.
  A. Trabajaba muy bien.
  B. Dicen que dormía en un ataúd.
  A.¿No estamos llevando las cosas demasiado lejos?
  B. ¿Por qué?
  A. La vida es algo más que la interpretación del papel de Drácula.
  B. ¡Justamente! Y en la vida hay más cosas que las contenidas en cualquier credo, filosofía, punto de vista, forma de vida, etc...., de manera que no se debería acostumbrar a la gente a dormir día y noche en el ataúd  de un conjunto concreto de ideas, y un autor que propone una tesis a sus lectores no debería ser nunca tan miope como para creer que ya no hay nada más que decir". 

Aun sabiendo que es una comparación la de Paul K. Feyerabend que no puede gustar a muchos -solo a quien tiene sentido del humor- me parece un planteamiento vitalista. La cerrazón de los sistemas de ideas -los sistemas son el riesgo- debilitan no solo la mente del hombre sino las posibilidades del entendimiento con otros hombres. Ahora me quedo observando las dos fotografías. El filósofo adopta la pose típica del filósofo que sobreactúa cara a la galería -si no supiéramos algo de Feyerabend me preguntaría: ¿habrá caído en la posición del ataúd?- mientras que Bela Lugosi -¿le impulsará su condición vampiresca?- no adopta pose alguna: es un verdadero filósofo. Ya saben aquello de Ríe quien sabe, no quien puede.



Fuga de un canto de rechazo de Anise Koltz




Anise Koltz en sus Cantos de rechazo:

"El que ama
intenta matar
quemar una tierra
que no es la suya".

¿Será que el destino del que ama está en volver a un campo yermo con objeto de dejarlo listo para un cultivo nuevo? Siempre se ama sobre terrenos ajenos. Otra cosa es que nos dejen ocuparlos. Otra cosa además es que sepamos cultivarlos bien.



Fuga desde el sueño clarividente




La oscura patria de los sueños ofrece la clara conciencia de las cosas. No es una conciencia aprehensible, sino desatada. Pero nos habla con una honestidad superior y más clarividente de nosotros mismos que la que creemos verdadera, esta otra con la cual racionalizamos con los ojos abiertos una explicación sobre nuestro hecho de ser.

Fuga del despertar




Abres los ojos a la noche, aún el día se incuba, presientes la mirada escasamente eufórica, la admites resignada. Piensas: me falta èlan. Luego repasas la lista desordenada de pequeñas cosas que tienes que hacer para quemar las horas. Te parece repugnante la expresión quemar las horas, aunque a las horas no les interese si las aprovechas o las despilfarras. No eres sino un hombre más que vive, cada vez menos, en el charco de las ilusiones, de las que han ido quedando. Ya no es un nutriente ilusionarte pero aquello que regía tu vida hace años ya no es directriz de nada. La ilusión, ahora no vana, es sobrevivir con el menor de los percances posibles. En esa línea, te dices con cierto tono sacro que no hay que quemar las palabras. Son la última llave del cuarto de la ficción en que se vive.


Fuga de Ribeyro





De La tentación del fracaso, diarios de Julio Ramón Ribeyro: "No concibo mi vida más que como un encadenamiento de muertes sucesivas. Arrastro tras de mí los cadáveres de todas mis ilusiones, de todas mis vocaciones perdidas. Un abogado inconcluso, un profesor sin cátedra, un periodista mudo, un bohemio mediocre, un impresor oscuro y, casi, un escritor fracasado. Noche de gran pesimismo". 

Llámense muertes o desalojos o malogros, vivimos contabilizando cadáveres de nosotros mismos. Haciendo un registro de su calidad provisional. Intentando revitalizar lo que ha terminado. Probando ingenuamente a ser otro cuerpo. De cualquier manera un cadáver es siempre la frustración de una vida.


Fuga enigmática





Escribe mensajes enigmáticos a mujeres que fueron enigmáticas y que él pretende que lo sigan siendo. ¿Qué es una mujer enigmática?, se pregunta cada noche. Tal vez alguien a quien no se conoce lo suficiente, se responde cada amanecer. ¿Y por qué hay que pretender conocer a una mujer enigmática si precisamente su enigma son sus límites velados?, se pregunta por la noche. Tal vez por el propio defecto que uno tiene de no conocerse lo suficiente a sí mismo, y no es copiar la idea socrática, se responde al toque del despertador. ¿No será, pues, la mujer enigmática que sucedió a otra mujer enigmática que tomó el relevo de una enigmática más un producto de los sueños?, inquiere según se desplaza en el autobús que lleva a la ciudad donde no existen mujeres enigmáticas. Los sueños son el enigma, concluye a punto de la última parada. Pero tengo que elegir, se apunta mientras baja al andén, entre el enigma natural del sueño y el enigma que uno crea a imagen controvertida de lo inalcanzable. Elige y se evaporará el polvo del enigma para siempre, dicen por el altavoz.


Fuga amenazadora




Si de repente dijeran al hombre que no iba a poder ver en adelante, ¿cómo sería su última mirada? ¿Hacia dónde la dirigiría? ¿Qué buscaría retener con intensidad? ¿Qué objeto lamentaría perder de vista? ¿Un paisaje, un lugar habitual, una persona, un texto?


Fuga de Bruno Ganz




No te puedes acordar de nuestro encuentro en las escaleras mecánicas de unos grandes almacenes de Berlín. Te manifesté cuánto te admiraba. Ich bewundere Sie sehr, Herr Ganz. Y en qué película te había descubierto: Der amerikanische Freund war der erste Film, den ich gesehen habe. No sé si pronuncié bien, pero me entendiste lo suficiente. Y me respondiste no solo atento y cortés sino amigable y, sobre todo, con agradecida sencillez: Danke, Freund, danke, es war ein schreckliches und krampfhaftes Thema. Admitiendo que el tema que trataba aquella película había sido duro.

Vinieron más películas en las últimas décadas y la gente te recuerda especialmente por una donde encarnabas a aquel dictador Adolf sanguinario con propios y ajenos, decadente, histérico, hundido, pero implacable todavía. Me sigo quedando con El amigo americano y Cielo sobre Berlín, no sé si porque Wim Wenders nos unía o por el grato recuerdo de ambas películas. ¿Qué será de Wenders, Hanna Schygulla y Volker Schlöndorf ahora que no estás?



Fuga de la cálida nieve




"Nos vamos replegando siempre donde la vida nos sitúa: el hielo nos empuja a una caverna; la enfermedad, a esta habitación; pero un roce nos salva. Él sabe que esa vez, como alguna vez aquel hombre primitivo, sintió miedo o amor, tal vez la misma cosa. Y, bajo tanto peso, solo pudo salvarse acariciando con los labios su hombro descubierto para darle calor o porque, tal vez así, creyó ser capaz de derrotar la muerte y su costumbre" . Manuel Merino me hace pensar en la intemperie y en el refugio. En la larga marcha de la que procedemos que se fija como objetivo la no resignación. Me hace meditar sobre si miedo y amor son lo mismo en su complementariedad impuesta. No se elige ni amor ni muerte. Ambos se suceden, ambos asoman y se desvanecen, ambos tienen su tiempo y su medida. ¿No será acaso la vida sino esto de ir dando trompicones y vaivenes? ¿No se nos ofrece como imperativo creernos victoriosos en cada roce, aunque aceche la derrota definitiva? Puro triunfo del instinto dinámico: para temer y para confiar.



Fuga del estrépito





Los perros ladran porque les acucia el miedo. Los cascos de los corceles golpean estrepitosos porque no se ven llegar a parte alguna. Los lobos aúllan por ver si otros les dejan territorio abierto. Los gallos despiertan al alba como si fuera a ser el último. Las ovejas se acurrucan entre sí aunando un único balido. Los hombres mezclan lenguas y profieren mil y un insultos para creerse más fuertes. Es la hora en que los grillos callan, no se sabe si por prudencia o por peligro. Solo las lagartijas conocen la verdadera fortaleza de hibernar antes de salir al sol, tan frágil en estos tiempos.


Fuga irónica




"No reneguemos del olvido. Esta cualidad nos deja libres para ir a nuevos caminos o pisar los andados sin reconocerlos. No reneguemos de olvidar algo a cada minuto y que los rasgos de lo que supimos se alejen a nuestras espaldas. Alegrémonos de olvidar". Juan Eduardo Zúñiga, que acaba de cumplir cien años, debe saber sobradamente de qué habla. Me quedo pensando. Que no se me olvide pensar. Da igual si olvido lo pensado.


Fuga del diálogo nocturno




Las ciudades no pueden existir al margen de la historia. No se libran de las revueltas, de los períodos más apacibles, de las transformaciones, de las frustraciones. Son reflejo más bien de todo lo que acontece en un país, de lo que padecen quienes lo habitan. Y sin embargo también son islas donde apartarse, Esto hago de mi barrio, un abrigo contra la intemperie desabrida que nos acecha. Eran reflexiones tuyas. ¿Y yo qué soy?, te pregunté provocadoramente. Gece, respondiste en tu idioma, noche que me prepara para el día. Fue una respuesta tan extraña como de libre interpretación.


Fuga discreta de Estambul




El sol de la tarde en Estambul era dulce. Tocabas para mí la kemençe. Lasitud. Aunque gustabas de enseñarme tu barrio, Balat, preferías que nos abandonásemos al frescor de la casa de la cuesta. Dónde aprendiste a tocar aquel instrumento, te pregunté. Viene de la sangre antigua, todo viene siempre de la sangre, fue tu respuesta. Cuando detuviste los arpegios la sangre continuaba clamando. O acaso era su eco.



Fuga circular






No, la vida no transcurre a través de unas denominaciones, ni siquiera de unos conceptos. La vida, más allá o más acá de nomenclaturas  se agita por el sistema circulatorio. Oxigenación, riego, venas, arterias. Sangre, en fin. Somos sangre desde el útero materno. Dejamos de ser sangre cuando dejamos de ser o provocamos ese abandono. Pero me veo abocado, de igual manera que sucede con la medicina y la investigación biológica en general, a utilizar vocablos, términos, categorías conceptuales. No vivimos por la poesía de las palabras. Sobrevivimos por el ingenio accidental llamado cuerpo y gracias a ese recorrido majestuoso, tenaz y líquido de la humedad rojiza. Largo camino de ida y vuelta. Inspira, expira, mueve. Generosa torrente obrera que nos construye y retarda nuestra descomposición.



Fuga de la rareza



Esa sensación que tenemos muchos, o pocos, o algunos, cómo medir a los secuaces, me ciño a la expresión abierta, de que estamos raros, por la edad, por la comprobación de las expectativas limitadas, cuando no frustradas, por el reconfortante escepticismo cuando no fecunda incredulidad más total, nos circunda, nos abriga o nos deja a la intemperie, según las horas variables, sospecho que para los demás (yo no hablo ya de muchos temas como antes, ni me interesa ni veo caminos de diálogo imaginativos, ni intención de acercamiento recíproco con otros individuos) el tiempo de la ilusión pasó hace mucho, el tiempo del mantenimiento de un eco de aquellos deslumbramientos también, las viejas revelaciones, incluidas las del amor, se extraviaron en las nebulosas, así que solo nos queda, a quien más o a quien menos, una actitud aparente, sin intención ni ganas por conducirnos en las conversaciones con los tópicos y estereotipos verbales, qué horror echar mano del clima o de la salud o cualquier otra anécdota personal o urbana, malo el día que nuestro verbo se limite a ello, nos queda un comportamiento prudente, callado, indiferente, y que nos llamen raros, que sabremos hacer de la rareza virtud. 



Fuga de la venganza onírica




Eso que llamamos mente no sabemos si es espacio, tiempo o némesis. Pero las noches traen sueños, los sueños deambulan ora apacibles, ora histéricos, la histeria tiene el rostro de un ángel exterminador que persigue al soñador desde lejanas época de su vida. Cuanta más rígida fue entonces la amenaza y más urdida la mentira, más el afán persecutor de la alucinación. El durmiente no sabe ni puede despertar, porque ha sido raptado por la maldición de aquella conducta que desafiaba el orden. Una vez llegado de nuevo al mundo donde abre los ojos mecánicos otra herramienta conceptual, la conciencia la llaman, le agita, le da dos sopapos, le refresca con la gélida agua del grifo para decirle: estás aquí, ya no en aquel entonces. Pero eso que se dice conciencia es débil. Pero la venganza del propio pasado es tesonera, implacable. Seguirá dando vueltas todo el día no al sueño de la noche última, sino al sueño de un tiempo que pretendió su secuestro.



Fuga del caso





Insoportables montajes en torno a las desgracias ajenas. Sectas buscando adeptos, medios de comunicación convirtiendo la noticia en negocio, administraciones varias en pugna para salvar los rostros electorales, cada cual a echar un pulso a su competencia y objetivos, construcción de los mitos que cubran las carencias y los desencuentros de la grey, escaso análisis y valoración de los acontecimientos y, en fin, convecinos platicando con ideas simplonas que maman de lo mediático y se quedan con lo más edulcorado, sentimentaloide y morboso. Terribles son los límites que estrechan a los paisanos. Da miedo pensar en la imprudencia que nos ciega.


Fuga del velamen





Alguien me recuerda, acaso sin pretenderlo, que no hay que caer en vano. Si nos arrastra el viento y el oleaje, que sea con las velas desplegadas, dice una penetrante voz del posibilismo. ¿Del posibilismo? No. De la resistencia, de la asunción, de la adecuación. A los tiempos, a los males, a los límites. De caer, caer, solo cuando el velamen esté totalmente rasgado y la quilla abierta en canal. Me temo que aunque alguien señale que aún es posible un bote de salvamento sea demasiado tarde. Pero aún y todo, ¿no lo intentaríamos? ¿No lo intentaremos?


Fuga de la ciudad antigua




En tu estancia en la ciudad antigua te hablaron de viejas guerras y oliste la última pólvora. En la ciudad antigua hay edificios agujereados por la metralla y desfilan miles de lápidas, descendiendo desde las vidas arrebatadas. Aquellos campos de monolitos piramidales recuerdan la débil frontera de la paz. El oscuro rostro silencioso de la convivencia. A veces la noche se rompe con tiros que más parecen nostalgia de salvajes guerreros que tensión contenida. El río ve crecer en sus orillas nuevas edificaciones que pretenden dibujar la última ciudad. La ciudad antigua quedará cercada por la memoria pero acaso también por el olvido. Tú, tierna corneja, aleteas y desciendes a los bordes mismos del transeúnte. ¿Haces crónica pasada o anuncias nuevos pero inciertos futuros?


Fuga del desconcierto





Cierto. No escribes para que otros te entiendan. Como mucho agradeces que se aproximen. Pero ese acercamiento a la lectura de tus impulsos, ¿aclara o confunde? Escribes por pura invención. Como modo de escapar de los sucesos que fueron y de los acontecimientos que no llegaron a ser, pero que actúan como espectros. La invención, aunque únicamente sea para tu comprensión, cubre espacios torcidos y recorridos no trazados. Esa necesidad que tienes de escribir imaginariamente para vivir vidas no vividas. O para recuperar en el plano de lo imposible las que un día fueron tuyas y no admiten retorno.



Fuga axial



Lo axial permanece, mientras los movimientos del Universo nos invaden de luz y de oscuridad alternos. ¿En qué lado de los planetas está su luna? ¿Hacia dónde gira su inercia? ¿Se remodelará la superficie o sufrirá el desgaste que las erosiones sin medida causan en todos los astros? 


Fuga líquida




Escucho en la película La source des femmes: "La fuente divina de las mujeres no es el agua. La fuente divina de las mujeres es el amor". 

Suena bonito, impresiona de momento. Puedes decir sí o quedarte pensando.  El cine es una fuente divina también, lo sabes de sobra desde tus mejores tiempos de entregado a ver cine. 

Luego te haces preguntas, por inercia, sobre aquella fuente. Pero, ¿se trata de un manantial de remanso, un hontanar cuyo flujo apenas captas o una fuente demasiado líquida, agua apresurada que si no la bebes a tiempo la pierdes?

(No se trata ahora de hablar qué se entiende por amor)



Fuga de la oculta dimensión




Nuevamente la experiencia circunstancial. Despertar e instalarse en la frontera el pánico. Sin saber por qué. La memoria del sueño no da motivos aparentes. A este lado no hay aún conquista del día ni conciencia de situación. ¿Qué espacio entre dos mundos existe que traslada la sensación de una suerte de miedo que paraliza, ésa que vuelve al hombre más inquieto, más impotente e infeliz? 

Debe haber más dimensiones sin definir, sin habitar. Pero ellas se apropian de nosotros.


Fuga de la propiedad




¿Por qué la propiedad de los colores? ¿Por qué la propiedad de las palabras? ¿Por qué la propiedad de las ideas? ¿Por qué la propiedad de las formas, los volúmenes o las trayectorias? ¿Por qué la propiedad de las miradas? ¿Por qué la propiedad de la sangre, de las células, de las bacterias? ¿Por qué la propiedad de los niños? ¿Por qué la propiedad de los hombres en todas sus edades y géneros? ¿Por qué la propiedad de la salud y de la vida? ¿Por qué la propiedad de las sensaciones, los sentimientos o los afectos? ¿Por qué la propiedad del aire, del agua, de las materias de la tierra, del suelo mismo? Y muchos más porqués.

Sin embargo, uno, incurso en el error permanente porque es incapaz de resolver la disyuntiva entre la libertad y la posesión, cree que tanta propiedad acabará desposeyéndonos. Paradoja. Cuanto más nos apropiamos menos somos. Con nuestro pan nos lo comamos.

(Sólamente se nos escapa algo: la propiedad de nuestra propia sombra, aunque la creamos nuestra)


Fuga de la madurez




Podría ser tu abuelo, podría ser tu padre, podrías ser tú. 

Aquella madurez repentina, negando a duras penas el rostro del niño que va quedando atrás. El aire de adulto que se va instalando. Un traje adaptado al cuerpo aún frágil, el chaleco que asoma como identidad de funcionario, el nudo de corbata windsor. Y esa seguridad aparente de una mano ligeramente apoyada en una baranda interrumpida.


Pose y porte. ¿Qué pesa más? Dispuesta severidad para un inicio de etapa. Se intuye la rueda de la vida que vendrá después atravesando etapas. Podrías haber sido, como lo fue tu padre o se acercó tu abuelo, el hombre cabal de toda una época fenecida.




Fuga del dolor sin fondo




Aquella mujer habla de dolor causado, aun no queriendo.

Aquel hombre asumió el dolor, aun no queriendo.

Son dos tiempos, dos hombres, no sé si la misma mujer. Una mujer y un hombre son dolor y placer mientras disponen de su propio tiempo. Mientras se tientan para ocupar un espacio. Lo peor es lo etéreo. Que la imaginación suplantara tiempos, espacios, mujer y hombre. Luego todo desaparece y ella es otra y él es otro, pero ambos son los mismos aunque se alejen.

El dolor no tiene fondo nunca. Incluso cuando no duele  -o parece que no duele-  el olvido no es tal y si das cancha a la memoria sientes que te oprime una extraña orfandad. Y un recuerdo exquisito de un pulso inmaterial. 

La memoria es herramienta y excusa. Lo que no pudo ser no fue, no sé si no pudo ser.

(Pero de aquello hace tanto tiempo, piensas...Y qué es el tiempo ante otras intensidades, piensas)

   

Fuga licántropa




Una noche demasiado cálida que despierta antes de tiempo al lobo que afila sus dientes dentro de mí.

Sólo mis entrañas saben de sus dentelladas.

Sólo ellas, ahogando aullidos.


Fuga especular




Di que atraviesas el espejo
para mirarte en mí.



Fuga de la sirena




La bajamar dejó a la sirena al descubierto.
Su sueño había sido tan denso que no pudo retroceder a zonas más profundas.
Entonces de su cuerpo emanó sal y la piel formó pústulas y las líneas de su contorno marino se disolvieron hasta desaparecer entre las rocas.
Dicen que cuando anochece y la marea está alta se escuchan alaridos desesperados.
Dicen que atraídos por el lamento algunos hombres de las aldeas marineras próximas se acercan en la oscuridad y permanecen atentos al espanto de las voces.
Pero no se sabe nada más.
Al amanecer hay siempre un hombre menos entre la vecindad de aquella zona de costa.
Nadie se explica por qué extraña llamada se sienten atraídos los audaces.
Nadie entiende con qué fin arriesgan sus vidas.



Fuga sin más




A veces sueño con que nazco de nuevo, que no otro.

Fuga de un instante vacío




Abre los ojos el hombre, sobre un instante vano. Se debate entre el cansancio y el quehacer pendiente, se dice descansé mejor, me recuperé lo justo, y esto que tengo es un día más, y en los días y las horas que frecuento nada de cuanto respiro me es ajeno, aunque hay unos aires que prefiero a otros, y unos aromas que selecciono sobre otros, y unos silencios que me susurran más que otros.


Fuga de un diálogo onírico




Diálogo entre dos sueños.

Uno dice al otro
ya sabrás
ya podrás
ya te acercarás

El otro sueño le responde
no enfríes la textura húmeda
de mi piel

o harás tuyas sus grietas

Al despertar, el cuerpo del hombre manifestaba la huella toda de una despechada laceración.

Fuga silente




Yo soy el silencio de la noche
y te habla
y me habla

en su retorno



Fuga de los encuentros




Una mañana de encuentros de calle, que si amigos, que si vecinos, algunos ancianos...¿Por qué me gusta, cuando tengo cuerpo, es decir, ganas, hablar con personas de edad avanzada o de edad más joven? ¿Por qué les presto atención sincera aunque sea para intercambiar fruslerías? ¿Querré ser un tipo sin edad o acaso un monstruo de todas las edades?



Fuga del chichón





El niño se ha hecho un chichón, me dice la vecina. Chichón. Fabulosa palabra que a medida que se pronunciaba no sabías si se potenciaba o se amortiguaba el golpe. Aquel hematoma circunstancial, aumentado de tamaño en la frente, ¿se conjuraba con la simple aplicación de una fonética o por el tratamiento de choque de una moneda fría? Tal vez con ambos elementos. La moneda era un  objeto que actuaba en la anatomía inflamada. La palabra era un bálsamo que iba a trascender más que la moneda (o el hielo, ya en tiempos más recientes) Chichón: término de ratificación humana. Un niño no estaba por encima del bien y del mal, sino que era carne de chichones. Y luego de relato. Contar una y otra vez que se había hecho un chichón. No estaría mal hacer memoria, un repertorio de chichones, por caídas de la inquietud infantil: perseguidos por perros, resbalando por los ribazos del río, chichones de recreo escolar, chichones por error de cálculo al tratar de alcanzar una caja del vasar de la cocina, chichones de carreras contra una esquina de la calle, chichones por no frenar la bicicleta contra el árbol...

El chichón, esa medida de las cosas en la infancia. Si alguien nos garantizara volver atrás, recuperar la niñez, ¿no estaríamos dispuestos a soportar de nuevo el precio de los chichones que fuera menester? 



Fuga de la caída




Aprender de nuevo la vida (ya que aprehenderla resulta bastante difícil, casi imposible) a medida que los años personales avanzan. Todo aquello que se había digerido puede no valer ya demasiado cuando se observan las tendencias, en ideas y gestión de proyectos, de nuestras sociedades. Entonces, la duda, ¿se habían asimilado tanto las lecciones? Puede que las formas -distintos collares- disfracen el fondo  -los perros de siempre, no solo figuras, sino acontecimientos-. Si un disfraz nos oculta lo que hay detrás es que no hemos aprendido casi nada y encima estamos dispuestos a echar por la borde bagajes que nos harían fuertes. No es para estar entusiastas con el rumbo que parecen tomar las cosas. Y ¿cómo aprender cuando ya se tienen menos fuerzas físicas y menos resistencia ante los despropósitos? Sin embargo...