Repta y huye hacia la luz, lector, no hay otra salida.


Fuga de la sirena




La bajamar dejó a la sirena al descubierto.
Su sueño había sido tan denso que no pudo retroceder a zonas más profundas.
Entonces de su cuerpo emanó sal y la piel formó pústulas y las líneas de su contorno marino se disolvieron hasta desaparecer entre las rocas.
Dicen que cuando anochece y la marea está alta se escuchan alaridos desesperados.
Dicen que atraídos por el lamento algunos hombres de las aldeas marineras próximas se acercan en la oscuridad y permanecen atentos al espanto de las voces.
Pero no se sabe nada más.
Al amanecer hay siempre un hombre menos entre la vecindad de aquella zona de costa.
Nadie se explica por qué extraña llamada se sienten atraídos los audaces.
Nadie entiende con qué fin arriesgan sus vidas.